Página principal CODEM

Número 238

Julio-Agosto 2010



Leer la edición Impresa en formato ".pdf"


Redacción


Hemeroteca


 

Reconocido en la práctica clínica

Síndrome de Charles Bonnet

Consiste en alucinaciones visuales en pacientes con mala visión, y psicológicamente sanos, que suelen ser mal diagnosticados. Los pacientes no suelen mencionar sus “visiones” en la consulta oftalmológica, pues creen que se trata de un síntoma de alienación mental y se sienten atemorizados o avergonzados, lo que hace que lo viva con gran angustia, según señala la autora Mª Aurora Egido Cañas, del Hospital Universitario La Paz.

El objetivo de este trabajo es conocer más sobre este Síndrome que afecta a un 15% de personas con baja visión. El simple hecho de explicarles que no se trata de ninguna enfermedad psiquiatra, les supone un gran alivio. 

La primera vez que escuché este síndrome, fue a mi compañero Manuel Solorzano, en el Congreso Nacional de Oftalmología celebrado en Las Palmas de Gran Canarias, y a lo largo de estos años, he descubierto varios casos, algunos de ellos los expondré en este artículo. 

También me ha sorprendido la poca información entre los profesionales de esta patología. 

Es por eso que este artículo tiene como finalidad dar a conocer a todos los profesionales en qué consiste el Síndrome de Charles Bonnet, para que no nos pase desapercibido y poder detectarlo y ayudarles. 

¿Qué es el Síndrome de Charles Bonnet?

Se caracteriza por alucinaciones visuales en personas psicológicamente normales, con agudeza visuales muy pobres, si bien también se han encontrado en personas con déficit visual menos leves.

Afecta aproximadamente a un 15% de personas con baja visión. 

Estas alucinaciones siempre están fuera del cuerpo, aparecen bien formadas y muy elaboradas.

Las imágenes que ven suelen variar:

  • En cuanto a su duración, va desde unos días, hasta años.
  • En la frecuencia de aparición.

Como ya he comentado al principio, frecuentemente los pacientes ocultan estos síntomas, lo que hace difícil el poder ayudar es necesario; que muchas veces les interroguemos, incluso, mucho mejor que les informemos de que pueden tener alucinaciones visuales por su baja visión y que no deben asustarse. 

Estas alucinaciones pueden presentarse de dos tipos:

  • Simples, que consiste en ver formas geométricas o fotopsias. 
  • Complejas, con alucinaciones más elaboradas, como paisajes, flores, personas... etc. aunque también pueden ser Ángeles, dragones, etc. 

Las imágenes pueden aparecer:

  • Estáticas o en movimiento. 
  • Normalmente suelen ser en colores vivos, aunque también se han descrito en blanco y negro. 

Desgraciadamente el Síndrome de Charles Bonnet es poco conocido, muchas veces mal diagnosticado, lo que acarrea que estos pacientes acaben en unidades de Psiquiatría.

Se ha comprobado que los detonantes que favorecen la aparición de estas imágenes son frecuentemente: 

La escasa iluminación, la soledad, el aislamiento, la inactividad, el ambiente hogareño, la tensión y la fatiga. 

Existe la hipótesis de cuando al cerebro le falta información la genera él mismo recurriendo, probablemente en este caso, a las imágenes visuales que tiene almacenadas en la memoria. También se han descrito alucinaciones auditivas en paciente con hipoacusia, y algo parecido ocurre con el llamado “miembro fantasma”. El cerebro al tener un vacío de información, la rellena con información falsa, que genera él mismo.

Charles Bonnet, que vivió durante la primera parte del siglo XX, fue un filósofo suizo que describió este síndrome en 1760, observando a su abuelo, Charles Lullin, de 89 años, operado de cataratas y con muy mala visión; él le relataba cómo veía imágenes de vivos colores, estas imágenes iban desde paisajes con personas, pájaros incluso tapices, no estaban estáticas y posteriormente desaparecían, a veces eran visiones agradables y en otras ocasiones le producían miedo.

El mismo Bonnet describe años más tarde sus propias experiencias alucinatorias, asociadas, al igual que su abuelo, con cataratas y con una disminución idiopática de la agudeza visual, que padecía desde los 24 años de edad. 

En 1902, H. Fluornoy retoma la descripción hecha de Charles Lullin y en el artículo “Alucinaciones liliputienses atípicas en un anciano con cataratas” resalta su componente motor: “Lo más curioso del fenómeno es la participación motriz del sujeto a éstas. En lugar de padecerlas pasivamente, el sujeto manipula sus visiones tratando así de examinarlas cerca de su mano”. 

Epidemiología

Se estima que la prevalencia de casos en alucinaciones visuales simples en pacientes con patología oculares del 50% y del 11% al 15% para alucinaciones visuales complejas Sin embargo, sólo se han reportado entre un 1,84% a 3,15%. Este porcentaje bajo puede explicarse por un subdiagnóstico clínico, debido al desconocimiento de la enfermedad por parte del médico y personal de salud; al escaso reporte por parte de los pacientes de los síntomas, por el temor a ser catalogados como enfermos mentales (sólo 27% consultan), o a un error en el diagnóstico,
ya que se considera en ocasiones como una psicosis. 

La mayoría de casos han sido descritos en la población anciana entre los 74 y los 85 años de edad, sin una diferencia significativa en el sexo, aunque también hay casos descritos en niños. El Dr. Terry Schwartz de la Universidad de Virginia Occidental (EUA) en un estudio sobre 16 niños con baja visión encontró dos casos de alucinosis visual. 

A continuación expondré tres casos clínicos de mi experiencia en el servicio de oftalmología del Hospital La Paz. 

Caso clínico 1

Paciente de 76 años, afectación en ambos ojos de Degeneración Macular, después de varios tratamientos la visión es de 1/10 en ojo derecho y de contar dedos a 1/2m por el ojo izquierdo. 

Debido a su mala visión que le da una escasa autonomía, se marcha a vivir con su hija.

Esta, por motivos familiares, le da la cena hacia las 19.30 h. y le acuesta a continuación. 

El paciente, que no se duerme tan pronto, en la penumbra de la habitación, ve animales que salen de las paredes y rodean su cama, aunque se da cuenta de que no puede ser real, le produce mucha intranquilidad. 

La hija acude al centro de salud, donde le pautan tratamiento con Haloperidol y Largactil. 

El paciente continúa con las alucinaciones, se intenta levantar de la cama para “aparta a los animales” y por el estupor que le produce la medicación, se cae. 

Entonces se le ponen barrotes a la cama, se le sujeta para que no se levante y duerme con un pañal. 

El paciente empeora, pasa las noches  con mucha agitación, no quiere comer y se aísla del entorno. 

La hija decide al final ingresarle en un geriátrico, pues no puede, en este estado, hacerse cargo de él. 

En una visita de revisión, veo al paciente en silla de ruedas, con pérdida importante de peso, y con claros síntomas de depresión, es entonces cuando la hija me comenta todo lo que ha ocurrido. 

Ni el paciente ni su hija habían comentado  antes las alucinaciones al equipo de oftalmología. No pensaron que tuviera ninguna relación. 

Caso clínico 2

Paciente de 82 años, ojo derecho amaurótico, ojo izquierdo visión con corrección de 1/8. Viuda desde hace 20 años, vive sola. 

Acude acompañada de su hijo a las revisiones en la consulta de oftalmología. 

En un momento que está sola, me comenta que está peor, está asustada, al atardecer, sentada en el salón en penumbra, le gusta oír la radio, pero desde hace semanas, ve figuras de hombres semidesnudos que bailan a su alrededor, no se lo ha contado a nadie,
teme que esté perdiendo la razón y vive estas alucinaciones con angustia, pues por sus profundas creencias religiosas, cree que se va a condenar. 

Caso clínico 3

Paciente de 75 años, visión con su corrección, ojo derecho 1/10 y ojo izquierdo 1/8. 

Operada de cáncer de mama hace 7 años. Glaucoma en ambos ojos. 

En ninguna visita comenta ninguna alteración visual de tipo alucinaciones, sus hijas la llevan encontrando rara hace meses, se le interroga, pero ella no parece predispuesta a contar que la ocurre.  Les hablo del Síndrome de Charles Bonnet, y los síntomas. 

Ella entonces de forma espontánea, dice que ve un hombre a su espalda cuando está sentada, pero cuando vuelve la cabeza desaparece; otras veces son luces muy intensas, pero que duran poco y también desaparecen, no se atrevía a contarlo por miedo a que 
la trataran por loca. 

Aquí he relatado tres casos, cada uno con connotaciones diferentes. 

En el primero, a nosotros nos pasó desapercibido, el paciente fue mal diagnosticado con consecuencias fatales. 

En el segundo, la paciente cuenta al  personal sanitario su experiencia, y la formación del personal hace posible que le dé una explicación a su problema, cesando la angustia que vivía. 

En el tercer caso, es el personal, que detecta que puede existir este problema y lo aborda, dando todo tipo de explicaciones. 

Conclusión

. El síndrome de Charles Bonett es infrecuentemente reconocido en la práctica clínica y debe ser considerado entre los diagnósticos diferenciales en los sujetos con alucinaciones, especialmente si tienen patología oftalmológica.
 
. Estos individuos no deben ser tratados como enfermos mentales y someterles de forma iatrogénica a un tratamiento antipsicótico sin necesitarlo.
 
. Aunque actualmente no existe terapéutica específica, siempre será muy importante explicar al paciente y a sus familiares la naturaleza de dichos fenómenos asociados a la pérdida parcial o total de la función visual.

. Los pacientes no suelen mencionar sus “visiones” en la consulta oftalmológica, pues creen que se trata de un síntoma de alienación mental y se sienten atemorizados o avergonzados. Por ello el personal sanitario debería preguntar al paciente con pérdida de visión si alguna vez ha visto “visiones” después de la pérdida de la agudeza visual y el psiquiatra debería preguntar al paciente con alucinosis si ésta apareció después de una brusca y considerable pérdida de la visión. 

. Se les puede recomendar a los pacientes mecanismos para hacer cesar la alucinosis, como pueden ser: cerrar los ojos, aproximarse al objeto alucinósico, que cambien de ambiente, desviar la mirada, parpadear, encender la luz. 

Sobre todo hacer énfasis en que no son reales y no van a sufrir ningún daño. 

Espero que este artículo sea de ayuda para todo el personal y que sirva para que estemos alerta y podamos detectar este problema y ayudar así a mucha gente. En muchos casos, no debemos esperar que nos lo cuenten, somos nosotros los que debemos anticiparnos comentándoles que puede ocurrir por su mala visión, y que no se sientan asustados

Tribuna Sanitaria 30/06/2010
    Edita Colegio Oficial de Diplomados en Enfermería de Madrid