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Número 206

Septiembre 2007



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Redacción


Hemeroteca


 

Real Escuela de Santa Isabel de Hungría

Primera escuela de enfermeras de España

Se inicia con este artículo una sección de nueva creación en la que se pretende dar a conocer todas y cada una de las vicisitudes por las que tuvo que pasar nuestra profesión para configurarse en lo que hoy se conoce y denomina como enfermera.

Pretendemos con ello un doble objetivo, por un lado informar a los colegiados de los eventos considerados como más importantes a lo largo de la profesión y, por otro, poner los documentos a su disposición. Lógicamente, en muchos casos,  estos serán fotocopias dado que los originales están custodiados en bibliotecas, archivos o centros documentales de ámbito nacional, autonómico, local o privados.

Antes de iniciar la sección, y como excepción para poder ser rigurosos con lo que ocurrió hace cien años, haremos dos números dedicados a dos eventos que se produjeron hace más de 100 años pero que los consideramos de interés para el colegiado. El primero, el que tiene en sus manos, lo dedicaremos a la que fue la primera Escuela de Enfermería de España, la de Santa Isabel de Hungría, creada por el Dr. Federico Rubio y Gali y, el próximo, el de octubre, lo dedicaremos a lo que en principio parece ser el primer intento documentado de organización colegial en España, la de Madrid, tal y como lo entendemos en la actualidad, se trata de la primera Sociedad de Ministrantes registrada en el año 1862 y su órgano de expresión “La Voz de los Ministrantes”. A partir de noviembre centraremos ya el artículo en lo que probablemente sea lo más relevante de la profesión hace cien años, es decir, en noviembre de 1907 y así sucesivamente.

Puede decirse que existió un antes y un después en nuestra profesión a partir de la apuesta firme y decidida del Dr. Rubio y Gali por incorporar, a su soñado proyecto de construir un Instituto Quirúrgico de Terapéutica Operatoria, una Escuela de Enfermeras similar a las ya existentes en el mundo anglosajón y que, por aquella época, eran modelo y guía de la enfermería por todo el mundo.

Pero no sólo hay que mirar al mundo anglosajón. Así, el Dr. Rubio tuvo ocasión de conocer en Londres a la doctora Cecilia Grierson quien, en 1886 ya había creado la primera Escuela de Enfermeras en Sudamérica, en el Circulo Médico Argentino, aunque hubo que esperar hasta 1891 para obtener su reconocimiento oficial. Posteriormente, en 1899 Mary Agnes O'Donnell crea la primera escuela de enfermeras en el Hospital Nuestra Señora de las Mercedes en Cuba; en 1903 se crea en Cartagena la primera Escuela de Enfermeras de Colombia, en 1906 se crea anexa a la Universidad de Chile la primera escuela de enfermeras, y así sucesivamente por el resto del continente, aunque también todas estas escuelas tuvieron un buen referente en la primera Escuela de Enfermeras fundada en los Estados Unidos de Norteamérica en 1873  en el Hospital Bellevue de Ohio.

Como todo proyecto que emerge tuvo sus detractores. Inicialmente, el laicismo institucional del cuerpo de enfermeras, que no de su formación y régimen de vida, como más adelante se hará referencia, tuvo sus no pocos enfrentamientos con la Iglesia, e incluso retiradas de algunas de sus subvenciones. Médicos y practicantes fueron, posteriormente, sus mayores detractores. Los primeros sin duda, por las envidias corporativas dada la cada vez mayor influencia del Dr. Rubio y Gali en la Casa Real, en el ámbito profesional internacional y en la sociedad en su conjunto. Los segundos, porque veían cómo, poco a poco, estas profesionales iban ocupando espacios que antes les eran propios, así como obteniendo un respaldo profesional, social e institucional que ellos consideraban lesivo para sus intereses.

Está documentado que el Instituto Quirúrgico de Terapéutica Operatoria inició su construcción el 4 de julio de 1896 como un Instituto de nueva construcción e independiente de cualquier otra institución sanitaria, con el espaldarazo de S.M.R. Regente y toda la familia Real, siendo arquitecto de la construcción el señor don Manuel Martínez Ángel. Estaba ubicada en la parte alta de la Moncloa, en la prolongación de la calle el Ensanche (donde hoy está ubicada la Fundación Jiménez Díaz).

El Instituto se construyó sobre una superficie de 163.912 metros cuadrados cedidos por el Estado. La inversión total fue de 430.000 pesetas, de las cuales, 178.215 pesetas fueron conseguidas mediante suscripciones voluntarias, corriendo a cargo del Dr. Rubio el resto de la inversión.

En el Reglamento para las enfermeras se dividía en dos, uno para enfermeras externas y otro para las internas. En el caso de las alumnas externas, recibían un Certificado de Aptitud como alumnas del Instituto Quirúrgico de Terapéutica Operatoria una vez terminados los dos cursos con el beneplácito de sus profesores.

Se exigía, para formalizar la matrícula, ser mayor de 23 años y menor de 43, o, siendo menores, licencia paterna, saber leer, escribir, sumar, restar, multiplicar y partir, estar sanas, vacunadas, ser aseadas y tener buenos modales y costumbres.

La formación que recibían era la siguiente: Nociones de higiene; higiene personal; nociones generales de infección y desinfección, el arte de la asepsis, el arte de manejar y cuidar a los enfermos; el arte de cocinar para los mismos; lavado y planchado; rapar, afeitar y amasar; el arte de curar asépticamente úlceras y heridas, y el arte de aplicar apósitos, vendajes, tópicos e inyecciones. El número de alumnas externas admitidas en esta primera promoción fue de 24, siendo preferidas las primeras inscritas más sanas y de mejores modos, y las internas 8, prefiriéndose, en este caso, las mujeres desamparadas, que recibían las mismas enseñanzas gratuitas que las externas, obteniendo, además, casa, vestido uniforme, asistencia a sus enfermedades y ración de la sobrante de los enfermos.

Como este nuevo modelo de enfermería sustituía, de alguna manera, a las Hijas de la Caridad, fue muy contestado desde algunas instancias poderosas en la sociedad de finales del siglo XIX, retirándole, en algunos casos, incluso las subvenciones. El Dr. Rubio y Gali quiso contestar a lo que él consideraba como una injuria, era un hombre de profundas convicciones religiosas, estableciendo un régimen de funcionamiento para las alumnas internas, incluso más dura que el establecido en los hospitales en los que prestaban sus servicios las Hijas de la Caridad.

Las alumnas internas, al inscribirse, contraían los mismos compromisos que las externas y, además, abstinencia de visitas, salidas del Hospital, relaciones exteriores, correspondencias, noviazgos y tocar moneda.

Una de las alumnas tenía que ser supervisora, en este caso fue Dña. Socorro Galán Gil, que jugaría el papel de contacto entre las alumnas y la superioridad, de control de los turnos, que serán diurnos y nocturnos, y del cumplimento de las prácticas cristianas e higiénicas siguientes. La primera enfermera del Instituto fue Salvadora D’Anglada, quién concluyó su vida profesional como matrona de la Casa Real

Se levantaban a las cinco de la mañana y mientras se vestían en el dormitorio común, rezaban el Bendito, el Padre Nuestro, la Salve y el Credo. Seguidamente se arrodillaban ante la imagen de Santa Isabel de Hungría y rezaban una oración previamente establecida. Acto seguido, pasaban al local de baños y, cada una en un departamento aislado, “tomarán un baño de lluvia, cubierta con un peinador y guardando su propia honestidad. Después de friccionarse brevemente, se vestirán y repartirán en sus respectivos servicios diciendo mentalmente: Como el agua lava el cuerpo, así las buenas obras laven mi alma y la libre de infección”

La Escuela, con estas normas de funcionamiento, inició su andadura el 1º de octubre de 1896 y prosiguió más allá de la muerte de su fundador el 31 de agosto de 1902, que fue enterrado en la capilla del Instituto y cuyos restos fueron rescatados por el Conde de San Diego, director en esa época del Instituto, y los nietos del Dr. Rubio, señores de Reixa. La última promoción concluyó los estudios en 1932.

Tuvo su espaldarazo legal en mayo de 1915 al publicarse la Real Orden de 7 de mayo (Gaceta de 21) por la que se aprueba el programa de los conocimientos que son necesarios para habilitar de enfermeras a las que lo soliciten, pertenecientes o no a Comunidades Religiosas. Posteriormente siguieron sus pasos la Escuela de Santa Madrona (Barcelona) que llegó incluso a enviar como emisario al Dr. Baltasar Pijoan para conocer su experiencia, posteriormente la Escuela de Cruz Roja de Madrid, y así sucesivamente.

CARLOS ÁLVAREZ NEBREDA

Tribuna Sanitaria 31/08/2007
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