Este sitio web utiliza cookies para mejorar la experiencia del usuario. Puede aceptarlas pulsando sobre el botón.
Buscador :
Volver al Menú
11 oct 2017
Milagros de la Rosa, enfermera y miembro del Comité Científico del Congreso Internacional sobre Suicidiología celebrado recientemente en Tenerife, ha asegurado que la enfermera tiene “un papel crucial” en la prevención del suicidio y ha demandado el apoyo de las administraciones para evitar este problema.
Milagros de la Rosa, enfermera y miembro del Comité Científico del Congreso Internacional sobre Suicidiología.
Se ha tratado de un congreso multidisciplinar en el que las enfermeras han tenido una participación muy relevante. “Como profesionales sanitarias, las enfermeras están involucradas en la prevención del suicidio, la detección y la intervención”, ha indicado Milagros de la Rosa, quien ha asegurado también que “la enfermera tiene un papel crucial, ya que es el profesional que recibe al paciente, tanto en atención primaria como en los servicios de urgencia, y es por esto que es el primero que puede detectar la intención suicida y derivar el paciente a otros profesionales. Su intervención es crucial porque también acompaña a las personas en sus procesos vitales y de enfermedad, ayudando a su bienestar emocional”.
Esta profesional ha indicado que es fundamental que “la enfermera intervenga en la elaboración de planes de prevención y métodos de evaluación del suicidio, al igual que en la formación tanto a profesionales como a la ciudadanía. Al situarse su profesión en todo tipo de entornos, es clave en las campañas de sensibilización e información”.
Para Milagros de la Rosa “no hay una fórmula matemática” que responda a si el posible suicida solicitará ayuda. “Unos sí y otros no”, ha respondido. Además ha indicado que en otros casos “son los familiares los que dan la señal de alarma”.
Esta enfermera, que además es doctora y profesora del departamento de enfermería de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, ha señalado que la última tesis doctoral que codirigió arrojó datos contundentes sobre el perfil del suicida. “No siempre está vinculado a trastornos mentales. Esto puede deberse a que no hay constancia o porque nunca han sido registrados. A pesar de que la franja de edad entre los 46 y los 64 años sea la más numerosa con conductas suicidas y su consumación, llama la atención el incremento significativo de casos en la franja de los 65 a los 80, dato que puede estar vinculado con el aislamiento social que sufre un número importante de nuestros mayores”.
De este Congreso Internacional sobre Suicidiología, en el que se ha hablado de epidemiología, planes de prevención, abordaje de conductas suicidas, detección de pacientes en riesgo de suicidio o intervención en entornos suicidas; se han extraído importantes conclusiones:
“Del suicidio se debe hablar, no puede ser un tema tabú. Por eso, es crucial que se involucren todas las administraciones y colectivos, no sólo del ámbito sanitario, sino también del ámbito educativo, los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado, etc.”, ha señalado este miembro del Comité Científico.
Además, de la Rosa ha destacado la importancia de que la primera prevención se haga en la escuela. “Hay que enseñar a los niños a enfrentar los problemas de la vida cotidiana y a gestionar sus emociones...”.
“La detección e intervención sobre factores de riesgo sigue siendo una dificultad en los recursos y dispositivos asistenciales, pues la identificación de los mismos aumenta o disminuye el nivel de riesgo sobre la conducta suicida, teniendo algunos de ellos un peso específico, como son los problemas psicológicos o trastornos psiquiátricos. Esto indica que el sistema de protección o sistema de salud aún en pleno siglo XXI, no dispone de un sistema de seguimiento e intervención eficaz para reducir estos acontecimientos”, ha explicado.
Asimismo, Milagros de la Rosa ha señalado que queda por incorporar la denominada ‘autopsia bio-psico-social’. “Sería un recurso poderoso que permitiría identificar variables e indicadores en la trayectoria vital de las personas previa al acontecimiento. Permitiría identificar, por un lado, las que modulan o incrementan el riesgo en las personas y, por otro, supondría disponer de programas, proyectos, servicios o recursos insertados en la comunidad, con procesos de coordinación y gestión eficaces para dar respuestas inmediatas que neutralicen o controlen los factores de riesgo detectados”.
“El denominado espacio-socio-sanitario como recurso, no ha sido implementado y apoyado desde las administraciones con medios económicos, sí más con reglamentos, protocolos específicos, etc., pero aún con distancias y dificultades para la coordinación y respuestas efectivas desde la comunidad, lo que implica un mayor riesgo para las personas reales y/o potenciales, que en algún momento vital opten por acabar con sus vidas”, ha reivindicado la enfermera.
© CODEM · Avda Menendez Pelayo 93 28007 Madrid
Tfno: 915 526 604 ··
Email temas administrativos: oficina@codem.es Email temas profesionales: atencioncolegiado@codem.es
Desarrollo: GesCol, por PKF ATTEST