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24 jun 2025
Actualidad
Los cuidados a estos pacientes deben realizarse por equipos expertos transdisciplinares integrados por enfermeras, neurólogos, psicólogos, fisioterapeutas y trabajadores sociales, entre otros, tal y como ha quedado de manifiesto en la XI edición de Espacio Ictus, organizada por la Fundación Freno al Ictus.
Se estima que dos de cada tres personas que sobreviven a un ictus presentan algún tipo de secuela: física, cognitiva, comunicativa, conductual, etc., pero si son detectadas a tiempo, se pueden tratar y recuperar.
Esta es una de las ideas expuestas en la XI edición de Espacio Ictus, una iniciativa de la Fundación Freno al Ictus, entidad con la que colabora el Colegio Oficial de Enfermería de Madrid tras la firma de un acuerdo de colaboración cuyo objetivo es reforzar la labor de las enfermeras en la prevención y atención de esta patología.
La jornada de la fundación, ‘Vida después de un ictus’, ha reunido a expertos en áreas como neurología, psicología y trabajo social, quienes han analizado los retos a los que se enfrenan las personas tras haber tenido un ictus y la importancia de una atención integral más allá del alta hospitalaria.
Los participantes han destacado la necesidad de ofrecer a los pacientes unos cuidados profesionales y de calidad tras un ictus, y llevar a cabo una rehabilitación precoz, continuada y adaptada, “con equipos transdisciplinares y centrados en la persona”, como ha indicado la Dra. Inmaculada Gómez, directora gerente del Centro de Referencia Estatal de Atención al Daño Cerebral, CEADAC y una de las ponentes.
También se ha insistido en que la recuperación no es un camino individual, sino que requiere un trabajo coordinado que trasciende el ámbito hospitalario con el fin de crear una red de apoyo para el paciente y su entorno y construir la mejor vida posible tras el ictus.
Otro de los aspectos abordados han sido las secuelas invisibles, que no por ello pueden considerarse secuelas leves, como ha recordado Aurora Lassaletta, psicóloga clínica y autora del libro ‘El daño cerebral invisible’. Para esta experta, “en muchos casos se tiende a ignorar los efectos cognitivos y conductuales tras un ictus”.
Por su parte, las doctoras Patricia Simal, neuróloga de la Unidad de Patología Cerebrovascular del Hospital Universitario Clínico San Carlos; y Raquel Cutillas, jefa asociada del Servicio de Rehabilitación de la Fundación Jiménez Días, y el Dr. Joan Ferri, presidente de la Sociedad Española de Neurorrehabilitación, han apostado por programas individualizados para cada paciente, siendo éste un proceso continuo que debe evolucionar con el paciente.
Finalmente, Claudia Trujillo, trabajadora social y responsable de proyectos de inclusión de la Fundación Freno al Ictus, ha puesto en valor la intervención social especializada.
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